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jueves, 17 de enero de 2013

Corazón de pachanga


El pasado 21 de diciembre de 2012 se celebró en la pista del barrio Colomí de Vila-seca la segunda edición de la ‘Liga del pueblo’ organizada por el Espai jove, lugar de encuentro de jóvenes y adolescentes dentro de la red juvenil de ocio y entretenimiento del Ayuntamiento. La leyenda del 10 se acercó a la última jornada de competición para examinar el alma deportiva de unos aficionados que, en esta ocasión, se vistieron de corto.

Siete de la tarde. Noche cerrada en Vila-seca y las calles, víctimas de la penumbra pegajosa de un inverno que asoma su disfraz navideño, se estiran solitarias entre la neblina. Letanía de villancico castizo en las calles comerciales de la localidad y al lado del mercado municipal, sombrío como de costumbre, una pequeña pista de fútbol sala acoge a una cincuentena de espectadores pertrechados en sus abrigos. En la pista vibra una luz potente, nueva. Es el calor del espectáculo, la lumbre del fútbol de barrio, la cercanía de la pelota.

Entre varios gritos, ánimos y quejas, el balón ya rueda. Y sí, el ambiente, de gala: focos, redes y público. La pista, contigua a la estación, está acostumbrada a citas más informales, a niños correteando y a padres futboleros que, a la luz del domingo, ayudan a dar los primeros pelotazos a sus pequeños antes de aprender siquiera a caminar. O a triangulares improvisados cualquier tarde, todos contra todos. Es la tradición del fútbol, la transmisión padre a hijo, el anhelo de llegar a ser una leyenda. Es esta una cuna de sueños frustrados, de primeras ilusiones, de goles olvidados, que hoy invita a sus hijos más crecidos a participar del baile. Todo el mundo está invitado. Porque el fútbol en esta liga se entiende de otra manera, habla otro idioma. Uno mucho más familiar y amable.

Sus protagonistas no están guiados por la disciplina de los exigentes entrenamientos semanales, ni por la ambición mal entendida o la maza autoritaria de un entrenador. Suelen ser grupos de amigos, heterogéneos, con algún que otro jugador en activo, del Vila-seca o de similar categoría, entre muchos amateurs y jóvenes deportistas. El premio tampoco suele ser el cebo. Cuentan que en la primera liga el primer y el segundo clasificado compartieron mesa junto a la organización en una cena pagada que sirvió de recompensa a ambos.

Hay bromas, gritos, carcajadas y uniformes desiguales en los mismos equipos, aunque algún equipo ha conseguido un patrocinador que le facilita ropa oficial. La competición fluctúa en número de participantes y formato: en la primera edición fue una liga regular de dos vueltas de casi todo un curso, aunque en esta ocasión el poco tiempo ha obligado a implantar otro tipo de sistema: una liguilla más un seguido eliminatorias a un partido, desde los cuartos de final. Además, la procedencia de los jugadores no es exclusiva del pueblo, está permitida la participación de equipos de los pueblos más cercanos, gracias a un acuerdo de colaboración entre las diferentes concejalías de juventud y deporte.



Ya en el partido, entre el jolgorio, los organizadores pelean por imponer la ley dentro de la selva. Son los trabajadores del Espai jove, gestionado por la fundación En xarxa, subcontratados por el Ayuntamiento para vertebrar las actividades de ocio en el pueblo. Cuentan con un local céntrico, que estos últimos viernes han cerrado para salir a jugar. Un árbitro y una ‘mesa’. Son Sergio Vicente y Núria Barragán.

Como son pocos efectivos, han comprimido la liguilla en unos pocos viernes con el objetivo mantener abierta la sede el día los máximos viernes posibles, a petición del consistorio. El tiempo reduce la cantidad de partidos, pero los hace más valiosos por su escasez, y la brevedad de la competición también acerca más el premio, que se duplicaría o triplicaría si estas ediciones se dieran más a menudo dentro de un mismo año.

La participación activa de todos los jugadores es el motor de la Liga. No hay nada decidido de antemano, y todo se vota o se decide mediante acuerdos entre los equipos. Así se determinó, por ejemplo, que para el tercer y cuarto puesto se resolviera a penaltis; o también el calendario, ordenado según la disponibilidad de los miembros de los equipos. Los mismos organizadores son los responsables de acercar el poder decisión a todos de manera democrática, cediendo protagonismo, con el propósito de fomentar la iniciativa, la solidaridad, la superación, el compañerismo y la integración entre todos los jóvenes.

Por eso no solo cumplen una tarea lúdica como responsables, sino que se proponen estimular esos mismos valores formativos inherentes al deporte. Así se vio en la entrega de premios, oficiada por el concejal de juventud: no solo hubo premios para todos, en especial para los finalistas –de nuevo invitados a una cena de cohesión grupal— sino que todos aquellos que participaron de alguna manera en el desarrollo de la liga, como colaboradores en la organización, fueron recompensados con un diploma. Al margen del título, el reconocimiento delante de todos los compañeros, y de alguna autoridad local, es el mejor aliento para inculcar principios como la cooperación, la participación y el compañerismo.

Y así se dio también, cuando en la primera semifinal entre el Atlético Vila-seca y Arnica Sports, un error arbitral en la no señalización de una cesión, paró a todo el equipo colchonero, petrificado, hecho que provocó el gol de las centellas nada bisoñas de Arnica. La decisión marcó el partido y cabreó a varios jugadores, en especial a aquellos de sangre más caliente. A partir de entonces, cada decisión del árbitro fue discutida y, ante cualquier duda, el instinto primario del grito y el reproche encendió el ambiente. Las buenas intenciones de todos de ‘pasar el rato’ se perdieron, por un momento, entre el subidón de pulsaciones y la tensión de los partidos importantes.

Como nos contó David Oliver Torrente, jugador del equipo Conos de Carretera: “Los que llegan a la final tienen un nivel bastante bueno, hay alguno que ha jugado en el Salou de fútbol sala, en divisiones buenas, y por eso el nivel es bastante alto al final. Al principio, se apunta todo el mundo para disfrutar un rato, porque nos apuntamos todos para pasarlo bien, pero al final se puede competir ‘agradablemente’.” O, como explicaba José Antonio Losada, finalista del Atlético Vila-seca, al final del partido: “Es normal, entre colegas y, sobre todo, amigos del barrio, siempre hay la típica rivalidad de siempre. Pero no va a más nunca. Al final, todos venimos aquí a disfrutar del fútbol sala y pasarlo bien un rato, tipo pachanga. Rivalidad cero. Pero si juegas con alguien que conoces, siempre está el extra que le da al partido, nada más.”



Puede que sea cuestión del nivel competitivo, una vez la desigualdad entre los equipos disminuye en el tramo final, ya que, aunque todos son mayores de 16 años, sí se notan las diferencias entre los adolescentes de 16 y los adultos que rondan los 20. Seguramente, esta mezcla de categorías descafeína la competición en las primeras fases. De esta manera lo exponía David: “Más que nada, hay mucha diferencia de edad. Pero a veces no te puedes fiar, esta gente son los que corren más. A nosotros igual nos pilla de fiesta; y ellos vienen con ilusión, nunca la pierden. Han llegado a las semifinales y les han plantado cara a nuestro rival en la final, solo han perdido por un gol. Con un poco de controversia con el arbitraje, pero al final ha quedado así”, refiriéndose al tercer clasificado, de los más jóvenes, Arnica Sport.

Como apuntaba Oliver, la polémica tras el malentendido arbitral estuvo a punto de estallar en la segunda parte del partido, cuando los constantes reproches y faltas de respeto de algún jugador cansaron al árbitro. La otra organizadora, Núria, paró el partido e irrumpió en la pista. Y de un modo pedagógico, dio una charla en medio del corro de los dos equipos, que acabó con una breve disculpa entre el jugador de Arnica y el trencilla. La intervención de los educadores como mediadores del conflicto frenó en seco la tensión y resultó fundamental para devolverle el aire festivo al resto de partidos, precisamente los más decisivos y cargados de tensión.

La final volvió a repetir los protagonistas de la primera edición, Atlético de Vila-seca y los Conos de Carretera, los dos equipos con una media de edad más alta. El encuentro ofreció un espectáculo deportivo muy ágil, debido a unas defensas más relajadas a medida que el partido iba avanzando, repleto de transiciones rápidas, de ida y vuelta, entre cada ataque. Fue el equipo rojiblanco el encargado de adelantarse, por medio de un gol en propia puerta de Jonathan López, que marcó para su equipo después, una vez el partido estaba completamente roto. En una sangría en los últimos minutos, el campeón aprovechó el mal estado físico del rival, deshinchado en el último tramo. Al final, un bello tanto de espuela marcado por José Ramón Chillón sentenció el encuentro.

Este último, junto al citado Jonathan, o los también presentes Raúl Estébanez o Fran Lozano, son los representantes de la última camada de jugadores jóvenes que alternan participaciones en el filial del Vila-seca C.F con el primer equipo. Su presencia aumenta el nivel de sus respectivos equipos, casi inalcanzable en este punto para los participantes de menos edad, obligados al reto imposible o a la épica del esfuerzo colectivo. Cabe destacar que el grupo más nutrido de participantes está formado por aficionados retirados de la práctica federada, como se nota en los diferentes estados de forma de todos ellos, y que algunos lucen en efímeras carreras y en el oficio que dan los años sobre el campo.

Por otro lado, esta edición solo ha podido contar con diez equipos, muchos de ellos formados por los jóvenes que acuden habitualmente al centro de reunión del Ayuntamiento. Aunque un deporte estrella como el fútbol reúne a más adolescentes, que no suele responder a las demás actividades promovidas por este espacio público, sí que la respuesta popular no es representativa en un pueblo del tamaño de Vila-seca. Se echan de menos, para el espectador y para la variedad de la competición, más equipos, más partidos y entre rivales más parejos, quizá divididos justamente en dos categorías, a causa de las importantes diferencias físicas en una franja de cuatro o cinco años.

Sin embargo, pocos pero bien avenidos, los participantes están muy implicados en la actividad, como consecuencia del funcionamiento activamente cooperativo de la liga. En palabras de José Antonio Losada: “Hay que participar un poco en todo lo que hace el pueblo, y más siendo deporte. La primera [liga] tuvo mucha aceptación, incluía equipos de La Canonja, este año han venido equipos también de Cambrils. Crean un vínculo entre los diferentes puntos de información juvenil de Tarragona, y yo creo que es favorable para el deporte y para los críos.”

Además, todos ellos valoran muy positivamente el impulso de actividades deportivas para todos los jóvenes. Vladimir Kushnir, con tan solo 16 años, nos lo cuenta: “Falta más gente para organizar. Solo está Núria, y creo que con más gente se podría organizar mucho mejor. Este pueblo está súper aburrido, no hay nada que hacer, y poner una actividad como esta, todos los viernes disfrutamos y viene mucha gente a vernos.”

La insatisfacción del joven de origen ruso evidencia las ganas de iniciativas deportivas bien llevadas de la juventud,  tanto, que se puede entrever en esa sincera demanda de recursos, la implicación en el proyecto y el interés de que esta iniciativa siga desarrollándose cada temporada. 




Luis Alberto Moral Pérez

sábado, 8 de diciembre de 2012

DOSSIER. Diumenge de football. “Touchdown, volem touchdown”


Reportatge i crònica de l’inici de la lliga catalana sènior de futbol americà. Primera part.

El passat dissabte deu de novembre va començar la XXVLFCA SR 2012-2013. Durant el present curs, seguirem els passos dels Imperials de Reus a la primera categoria de futbol americà a Catalunya. El passat 2 de desembre es van estrenar a casa, i La leyenda del 10 va ser-hi allà per explicar-ho. Comencem.

 “Touchdown, volem touchdown

Sortien els Imperials de Reus després d’haver perdut el primer partit de lliga al camp dels Bocs d’Argentona, un dels equips forts de la categoria i principal rival dels del Baix Camp. La invocació cantada del “touchdown, volem touchdown” conferia un to d’aficionat a una petita graderia mig buida: l’ambient és familiar, amateur, amb uns espectador fidels i uns altres que s’apropen, segurament, portats per la curiositat cultivada del boca-orella, o per l’efecte rebot de la congregació popular en els partits del Reus Deportiu, el camp annex, on juguen els Imperials.

I el càntic era tota una declaració de principis, la finalitat que justifica els mitjans. El touchdown es l’objectiu del joc. L’excusa que disposa vint-i-dos jugadors (divuit, nou per cada equip en la lliga catalana; 11 en altres lligues professionals, com la NFL, competició americana de referència) en un terreny de joc de cent iardes, dividides en dos camps, cinquanta per a cada un dels equips.

En unes mesures més nostres, si cada iarda són 0,9144 metres en la definició internacional moderna, la distància total del camp es de 91,44 metres. Tota una plataforma ideada per exhibir l’espectacle del viatge de l’ovoide des del punt de sacada fins a la zona d’anotació. Segons comentaven els entesos seguidors dels Imperials, el partit es plantejava com un interrogant. Després de guanyar la final de la lliga de la temporada passada contra els Bocs, el mateix rival va sotmetre als del Baix Camp a una sequera anotadora en la primera jornada: 21-0.

La temporada començava amb dubtes, i els Urolokis de Barcelona es presentaven a Reus després de perdre 16 a 0 amb els Reds de Terrassa. Ambdós equips buscaven la primera victòria de la temporada a la segona jornada. També començar a anotar, després d’una primera jornada en blanc. Duel de necessitats, titllaven els diaris esportius recurrentment a les seves portades de diumenge.

La batalla

Però els dubtes es van aclarir aviat. Sense temps per al drama, el partit va tenir des del principi un protagonista clar i un senzill argument: la voracitat dels Imperials va devorar les esperances dels ‘blanquivermells’ de Barcelona sense cap tipus de pietat ni opció. La superioritat reusenca va aturar en defensa els tímids atacs dels Urolokis, i va castigar durament la defensa barcelonina.

Els partits de football estan clarament dividit en dos parts: el joc ofensiu i el defensiu. Fet que hi contribueix el ritme pausat i explosiu d’un partit: és més una suma de moltes accions intenses però breus, entre xiulet i stop, break i falta. Tant és així que una plantilla d’un equip de football està composada per atacants i defensors, en alineacions diferents. Quan un equip ataca, juguen els especialistes en atacar, més hàbils i ràpids generalment; i quan es defensa, entren els defensors, sovint jugadors amb una complexió física més robusta, especialitzats en bloquejar i placar els rivals, tan en estàtic com en moviment.

El temps del partit –consta de quatre quarts de 15 minuts a temps parat— s’organitza en diferents possessions del dos equips. Només hi ha una pilota, i cada conjunt l’ha d’intentar portar cap a la zona d’anotació o endzone del contrari, creuant tot el camp des d’on es trobi. Per això disposa de quatre intents, o downs, per superar deu iardes com a mínim. Si ho aconsegueix, tindrà quatre oportunitats més per superar uns altres deu. Quan no sigui capaç de fer-ho, ha de cedir la pilota a l’altre equip.

Les maneres d’executar un atac poden ser vàries, i moltes són un híbrid de les diferents maneres de jugar i plantejar un partit. Però les bàsiques són dues:

1) El joc terrestre, que consisteix en donar-li en mà la pilota a un jugador ofensiu per a què aquest corri endavant mentre els altres membres de l’equip van bloquejant rivals obrint-li un camí per arribar a la zona d’anotació

2) El joc aeri, que es basa en el passada de jugador-eix de l’ofensiva: el quarterback (o QB), cap endavant, mentre un jugador es desmarca dels rivals, per mitjà d’un entramat de placatges i desviacions en una carrera, des de la recepció fins a l’endzone.

Durant tot el partit, el vent va obligar a que la pilota circulés pel ‘terra’,  més entre les mans dels atacants, donades les turbulències en les ‘espirals’ llançades camp a través. El temporal no ens va permetre veure, potser, les virtuts ofensives d’ambdós quarterbacks, més preocupats en buscar altres camins alternatius en les mans del seus corredors.

Amb encert, en el Reus, l’alineació o roster principal el formaven el QB Óscar Rodríguez i els receptors ‘Siscu’ Domínguez, Adrià Solis i German Perea, que van protagonitzar les anotacions en carrera, guanyant iardes fàcilment e ingressant en la línia d’anotació principalment pels seus mitjans, gràcies a la seva velocitat, capaç de crear jugades, com demostra la marca personal del dorsal 21, ‘Siscu’ Domínguez, amb 5 TD al final de partit.

Acabava la primera part, doncs, poc podem dir dels jugadors d’Uroloki: el 41-0 que il·luminava el marcador ens deixava clar que ens esperava una segona part sense història, donada la exhibició d’uns Imperials ambiciosos i intensos que no es van aturar en cap moment, molt al contrari: van aprofitar l’embat del vent per incorporar la força i la intensitat als seus moviments.



El tempo d’un partit

Si aprofundim, els temps d’una jugada són els següents: els jugadors s’organitzen al voltant del punt on s’inicia tot, la línia de scrimmage, alguns en una fila una davant de l’altre. Darrere, a l’anomenat backfield, hi ha una segona línia de jugadors més específics que intervindran de manera protagonista a la jugada. La primera línia, on hi és el center –l’encarregat de posar en joc la jugada al snap o primera acció de sacada– és una primera muralla per a què els encarregats de portar el joc tractin o de buscar un passada, profund o curt; o d’iniciar una jugada de carrera. La segona línia defensiva també busca, de manera particular, aturar a aquests jugadors ofensius amagats darrere d’aquesta ‘línia Maginot’.

Si en un passada, una pilota és agafada per un rival, aquesta situació es coneguda com intercepció o turnover, i la possessió canvia automàticament a l’equip contrari, que inicia en aquell moment la seva jugada ofensiva. En moltes ocasions, per la poca disposició ofensiva dels homes que hi són al terreny de joc, i per les seves escasses dots defensives, acaba en touchdown. Però quan el jugador és agafat pel defensor abans d’arribar al final del camp, la jugada ofensiva de l’equip que acaba de recuperar la pilota partirà d’aquell determinat punt.

És amb el fumble, una pilota dividida, que ha caigut al 'verd' però que encara pot ser recuperada per qualsevol dels dos equips (normalment quan la pilota cau, la jugada finalitza, només amb aquesta excepció), un dels moments del joc en el que el sistema de torns de possessió s'accelera. Aquestes situacions dinamiten el ritme acompassat i organitzat del partit, com una moneda a l'aire que pot mostrar qualsevol cara mentre cau, on la intensitat dels jugadors torna a ser protagonista en la definició de les accions.




També hi ha un tercer bloc de jugades, les jugades especials (que en equips professionalitzats són executades per uns altres jugadors que habitualment només es dediquen a aquella acció) com són:

  •      la sacada: un jugador d’un equip xuta una pilota camp a través, i qui l’atrapa l’ha de retornar cap a camp contrari; on el parin començarà el joc ofensiu d’aquell equip

  •     el xut: acció protagonitzada pels kickers, que poden també intervenir en la sacada, un xut és la finalització d’una jugada d’una manera alternativa, que després explicarem, per anotar

Els protagonistes principals de la trama tenen uns noms tècnics que coneixerem breument a continuació:

El ja mencionat quarterback és el jugador que vertebra el joc ofensiu d’un equip. D’ell depèn tot l’estil de joc, i les possibilitats de joc d’un equip passen perquè tingui un bon jugador en aquesta posició, ja que participa en totes les jugades. I no només de manera testimonial, ja que és ell qui decideix –amb l’entrenador, és clar—quina jugada ha de ser escollida per a cada moment. És el jugador més important i, per tant, més mític del football, el que guanya més diners i el que escriu amb més protagonisme la llegenda.

El running back és el jugador, principalment, encarregat de portar el joc de carrera: aquell velocista hàbil capaç de sortejar rivals per portar la pilota el més lluny possible. Com més professional sigui l’equip, la posició agafa més matisos i funcions: des del típic corredor al half back, varietat defensiva dintre de la terna ofensiva, més encarregat de alliberar de contraris el camí als altres jugadors.

El wide receiver és el jugador de l’atac que rep les passades del QB, es mou habitualment per les bandes, en moviments automatitzats i sincronitzats amb el quarterback, que sap quan trigarà aquest exactament en estar en una posició determinada per llençar allí la pilota.

El linebacker és el nom pel que es coneix aquell jugador defensiu que intenta taponar els forats perquè no passin els atacants i es desplaça per aturar-los. El seu lloc és la primera línia, a la segona línia –anomenada secundària—, té unes altres funcions que exerceixen els cornerbacks.

Segona part: el tràmit

Al tornar dels vestuaris, la segona part va perdre intensitat i el ritme va estar marcat per les continues faltes que van allargar el tràmit dels dos últims quarts. Hem de dir que el ritme és ben diferent als tradicionals esports europeus, i moltes accions semblen no revestir cap interès per l’espectador. El timing del partit contempla parades continues entre les diferents jugades, amb una durada de tres hores aproximades en total cada partit. Les jugades, però, que gaudeix la graderia tenen la breu intensitat d’uns segons semblants a una explosió.

De sobte, després de deu minuts plens d’interrupcions, el corredor agafa la pilota, zigzagueja un rival, se’n va d’un altre, velocitat, reflexos, quasi cau, retorna a l’equilibri, i amb l’ajuda d’uns placatges que obren un petita esquerda en la muralla, en cinc segons, entra amb la coordinació d’una ballarina en la zona d’anotació. Allí comença la festa, es repica la cuirassa, tira la pilota, i balla i/o salta amb ràbia. La banqueta envaeix el camp i l’entrenador els esbronca. Però tots xoquen un contra l’altre, cridant, la seva forma particular d’abraçar al company.

I entre faltes i pauses es va anar consumint un partit que els Imperials ja havien encarrilat a la primera part, i a la segona van continuar amb la solidesa mostrada, engreixant poc a poc el marcador, fins arribar als 54 punts finals. En total, van ser 8 touchdowns, que multiplicats per sis punts que conta cada TD fan un global de 48 punts.

Quan s’aconsegueix una anotació, s’obren dos opcions: o bé es tira un xut a poc metres de l’endzone, que val un punt; o bé es pot iniciar una altra jugada des del mateix punt, que en el cas que entri en la zona de touchdown, contaria dos punts. La primera és la opció més conservadora i més freqüent; la segona, la més arriscada, habitual en les remuntades. Com el partit va ser fàcil, es van tirar 8 extra points, fallant un, i l’últim no es va arribar a llençar perquè l’àrbitre va xiular el final, oblidat per la seva intranscendència.



L’actual campió de la categoria, els Imperials de Reus, es col·loquen tercers a la classificació, els primers amb una victòria i una derrota, darrere dels dos únics equips dels vuit que conformen la lliga: els Bocs d’Argentona i els Senglars de Vall d’Aro. Els quatre primers passaran al play-off final, que es disputarà a eliminatòries a un partit fins arribar a la gran final.

Els Urolokis són vuitens, últims de la classificació, en el seu pitjor debut de la història, segons va declarar al final del matx el seu experimentat entrenador Marcos Guirles, ja que encara la seva ofensiva no ha estrenat el marcador d’anotacions; en canvi, han rebut 70 punts en contra.

En la segona part del reportatge, parlarem amb en Bart Iaccarino, nou entrenador dels Imperials de Reus aquesta temporada i el seu nou projecte per a la entitat.

L’ambient exòtic i proper del football

Qui s’apropa al Camp d’Esports Municipal de Reus durant un partit de football,  pot veure una escena poc freqüent a casa nostra: un camp obert, de gespa, amb unes marques semblants a una graella, i un jugadors que porten unes vestimentes acolorides, amb cuirasses internes que hipertrofien el tòrax, en una reminiscència clàssica –ja sabem, el tòpic mens sana i corpore sano dels clàssics— que arrodoneixen amb cascos de guerra adornats amb uns escuts prou estrafolaris.

A més, la participació del públic és també diferent al que estem sovint acostumats, especialment en un dia en el que juga el Reus Deportiu, estadi contigu al del football. Així, si un gol de Prades al minut 95, com va passar el passat dia 2 de desembre, és corejat amb una eufòria col·lectiva de milers de persones en un equip de segona divisió B; una exhibició de football ofensiu en un equip de primera línia catalana només és celebrat per un escàs quòrum familiar.

I és que el futbol americà no està gaire instaurat a Catalunya, ni a l’Estat espanyol –els Imperials són l’únic equip de tot el Tarragonès—, tot i que no per això l’espectacle perd la seva essència, sinó que guanya en puresa, lluny del professionalisme espectacular i lumínic de la National Football League americana. La lliga catalana està més a prop, llavors, d’alguns partits universitaris que serveixen de pedrera d’aquesta primera lliga professional del món.

Un ambient que connecta amb els orígens d’aquest esport i que l’aïlla del seu brillant embolcall en què el potent model de negoci de les principals franquícies associades han convertit la lliga dels EEUU. Aquí, en gaudim d’una altra manera: podem anar al camp sense pagar entrada i situar-nos a dos metres de la banqueta, just on escalfen els jugadors que esperen el seu moment. Podem escoltar les xerrades tècniques de l’entrenador, viure com un equip es cabreja amb l’àrbitre o prepara una jugada. Podem, fins i tot, assentar-nos a la banqueta, parlar amb el jugadors, sobre tot si portem una samarreta verda i daurada i no tenim gaire vergonya.

Ho podríem provar, perquè el futbol americà és com una petita família, tot el món es coneix i es saluda quan hi ha partit, una vegada cada mes. I es pot aprendre, i es pot mirar des d’una banda el partit, com si estiguéssim a un institut d’un petit poble de Texas, i ens apassionés el futbol ‘meló’. Però no, som a Catalunya, i ens ho hem fet nostre, a la nostra manera, amb àrbitres que aquí també són xiulats. Aquest esport és també nostre perquè ho fem genuïnament diferent. Amb la nostra passió. I d’aquesta diferència, neix la puresa que segurament enyorin al país bressol de les antigues llibertats.


Luis Alberto Moral Pérez (@luisalberto_m)

Fotografies del partit cedides per Imperials Reus