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jueves, 17 de enero de 2013

Corazón de pachanga


El pasado 21 de diciembre de 2012 se celebró en la pista del barrio Colomí de Vila-seca la segunda edición de la ‘Liga del pueblo’ organizada por el Espai jove, lugar de encuentro de jóvenes y adolescentes dentro de la red juvenil de ocio y entretenimiento del Ayuntamiento. La leyenda del 10 se acercó a la última jornada de competición para examinar el alma deportiva de unos aficionados que, en esta ocasión, se vistieron de corto.

Siete de la tarde. Noche cerrada en Vila-seca y las calles, víctimas de la penumbra pegajosa de un inverno que asoma su disfraz navideño, se estiran solitarias entre la neblina. Letanía de villancico castizo en las calles comerciales de la localidad y al lado del mercado municipal, sombrío como de costumbre, una pequeña pista de fútbol sala acoge a una cincuentena de espectadores pertrechados en sus abrigos. En la pista vibra una luz potente, nueva. Es el calor del espectáculo, la lumbre del fútbol de barrio, la cercanía de la pelota.

Entre varios gritos, ánimos y quejas, el balón ya rueda. Y sí, el ambiente, de gala: focos, redes y público. La pista, contigua a la estación, está acostumbrada a citas más informales, a niños correteando y a padres futboleros que, a la luz del domingo, ayudan a dar los primeros pelotazos a sus pequeños antes de aprender siquiera a caminar. O a triangulares improvisados cualquier tarde, todos contra todos. Es la tradición del fútbol, la transmisión padre a hijo, el anhelo de llegar a ser una leyenda. Es esta una cuna de sueños frustrados, de primeras ilusiones, de goles olvidados, que hoy invita a sus hijos más crecidos a participar del baile. Todo el mundo está invitado. Porque el fútbol en esta liga se entiende de otra manera, habla otro idioma. Uno mucho más familiar y amable.

Sus protagonistas no están guiados por la disciplina de los exigentes entrenamientos semanales, ni por la ambición mal entendida o la maza autoritaria de un entrenador. Suelen ser grupos de amigos, heterogéneos, con algún que otro jugador en activo, del Vila-seca o de similar categoría, entre muchos amateurs y jóvenes deportistas. El premio tampoco suele ser el cebo. Cuentan que en la primera liga el primer y el segundo clasificado compartieron mesa junto a la organización en una cena pagada que sirvió de recompensa a ambos.

Hay bromas, gritos, carcajadas y uniformes desiguales en los mismos equipos, aunque algún equipo ha conseguido un patrocinador que le facilita ropa oficial. La competición fluctúa en número de participantes y formato: en la primera edición fue una liga regular de dos vueltas de casi todo un curso, aunque en esta ocasión el poco tiempo ha obligado a implantar otro tipo de sistema: una liguilla más un seguido eliminatorias a un partido, desde los cuartos de final. Además, la procedencia de los jugadores no es exclusiva del pueblo, está permitida la participación de equipos de los pueblos más cercanos, gracias a un acuerdo de colaboración entre las diferentes concejalías de juventud y deporte.



Ya en el partido, entre el jolgorio, los organizadores pelean por imponer la ley dentro de la selva. Son los trabajadores del Espai jove, gestionado por la fundación En xarxa, subcontratados por el Ayuntamiento para vertebrar las actividades de ocio en el pueblo. Cuentan con un local céntrico, que estos últimos viernes han cerrado para salir a jugar. Un árbitro y una ‘mesa’. Son Sergio Vicente y Núria Barragán.

Como son pocos efectivos, han comprimido la liguilla en unos pocos viernes con el objetivo mantener abierta la sede el día los máximos viernes posibles, a petición del consistorio. El tiempo reduce la cantidad de partidos, pero los hace más valiosos por su escasez, y la brevedad de la competición también acerca más el premio, que se duplicaría o triplicaría si estas ediciones se dieran más a menudo dentro de un mismo año.

La participación activa de todos los jugadores es el motor de la Liga. No hay nada decidido de antemano, y todo se vota o se decide mediante acuerdos entre los equipos. Así se determinó, por ejemplo, que para el tercer y cuarto puesto se resolviera a penaltis; o también el calendario, ordenado según la disponibilidad de los miembros de los equipos. Los mismos organizadores son los responsables de acercar el poder decisión a todos de manera democrática, cediendo protagonismo, con el propósito de fomentar la iniciativa, la solidaridad, la superación, el compañerismo y la integración entre todos los jóvenes.

Por eso no solo cumplen una tarea lúdica como responsables, sino que se proponen estimular esos mismos valores formativos inherentes al deporte. Así se vio en la entrega de premios, oficiada por el concejal de juventud: no solo hubo premios para todos, en especial para los finalistas –de nuevo invitados a una cena de cohesión grupal— sino que todos aquellos que participaron de alguna manera en el desarrollo de la liga, como colaboradores en la organización, fueron recompensados con un diploma. Al margen del título, el reconocimiento delante de todos los compañeros, y de alguna autoridad local, es el mejor aliento para inculcar principios como la cooperación, la participación y el compañerismo.

Y así se dio también, cuando en la primera semifinal entre el Atlético Vila-seca y Arnica Sports, un error arbitral en la no señalización de una cesión, paró a todo el equipo colchonero, petrificado, hecho que provocó el gol de las centellas nada bisoñas de Arnica. La decisión marcó el partido y cabreó a varios jugadores, en especial a aquellos de sangre más caliente. A partir de entonces, cada decisión del árbitro fue discutida y, ante cualquier duda, el instinto primario del grito y el reproche encendió el ambiente. Las buenas intenciones de todos de ‘pasar el rato’ se perdieron, por un momento, entre el subidón de pulsaciones y la tensión de los partidos importantes.

Como nos contó David Oliver Torrente, jugador del equipo Conos de Carretera: “Los que llegan a la final tienen un nivel bastante bueno, hay alguno que ha jugado en el Salou de fútbol sala, en divisiones buenas, y por eso el nivel es bastante alto al final. Al principio, se apunta todo el mundo para disfrutar un rato, porque nos apuntamos todos para pasarlo bien, pero al final se puede competir ‘agradablemente’.” O, como explicaba José Antonio Losada, finalista del Atlético Vila-seca, al final del partido: “Es normal, entre colegas y, sobre todo, amigos del barrio, siempre hay la típica rivalidad de siempre. Pero no va a más nunca. Al final, todos venimos aquí a disfrutar del fútbol sala y pasarlo bien un rato, tipo pachanga. Rivalidad cero. Pero si juegas con alguien que conoces, siempre está el extra que le da al partido, nada más.”



Puede que sea cuestión del nivel competitivo, una vez la desigualdad entre los equipos disminuye en el tramo final, ya que, aunque todos son mayores de 16 años, sí se notan las diferencias entre los adolescentes de 16 y los adultos que rondan los 20. Seguramente, esta mezcla de categorías descafeína la competición en las primeras fases. De esta manera lo exponía David: “Más que nada, hay mucha diferencia de edad. Pero a veces no te puedes fiar, esta gente son los que corren más. A nosotros igual nos pilla de fiesta; y ellos vienen con ilusión, nunca la pierden. Han llegado a las semifinales y les han plantado cara a nuestro rival en la final, solo han perdido por un gol. Con un poco de controversia con el arbitraje, pero al final ha quedado así”, refiriéndose al tercer clasificado, de los más jóvenes, Arnica Sport.

Como apuntaba Oliver, la polémica tras el malentendido arbitral estuvo a punto de estallar en la segunda parte del partido, cuando los constantes reproches y faltas de respeto de algún jugador cansaron al árbitro. La otra organizadora, Núria, paró el partido e irrumpió en la pista. Y de un modo pedagógico, dio una charla en medio del corro de los dos equipos, que acabó con una breve disculpa entre el jugador de Arnica y el trencilla. La intervención de los educadores como mediadores del conflicto frenó en seco la tensión y resultó fundamental para devolverle el aire festivo al resto de partidos, precisamente los más decisivos y cargados de tensión.

La final volvió a repetir los protagonistas de la primera edición, Atlético de Vila-seca y los Conos de Carretera, los dos equipos con una media de edad más alta. El encuentro ofreció un espectáculo deportivo muy ágil, debido a unas defensas más relajadas a medida que el partido iba avanzando, repleto de transiciones rápidas, de ida y vuelta, entre cada ataque. Fue el equipo rojiblanco el encargado de adelantarse, por medio de un gol en propia puerta de Jonathan López, que marcó para su equipo después, una vez el partido estaba completamente roto. En una sangría en los últimos minutos, el campeón aprovechó el mal estado físico del rival, deshinchado en el último tramo. Al final, un bello tanto de espuela marcado por José Ramón Chillón sentenció el encuentro.

Este último, junto al citado Jonathan, o los también presentes Raúl Estébanez o Fran Lozano, son los representantes de la última camada de jugadores jóvenes que alternan participaciones en el filial del Vila-seca C.F con el primer equipo. Su presencia aumenta el nivel de sus respectivos equipos, casi inalcanzable en este punto para los participantes de menos edad, obligados al reto imposible o a la épica del esfuerzo colectivo. Cabe destacar que el grupo más nutrido de participantes está formado por aficionados retirados de la práctica federada, como se nota en los diferentes estados de forma de todos ellos, y que algunos lucen en efímeras carreras y en el oficio que dan los años sobre el campo.

Por otro lado, esta edición solo ha podido contar con diez equipos, muchos de ellos formados por los jóvenes que acuden habitualmente al centro de reunión del Ayuntamiento. Aunque un deporte estrella como el fútbol reúne a más adolescentes, que no suele responder a las demás actividades promovidas por este espacio público, sí que la respuesta popular no es representativa en un pueblo del tamaño de Vila-seca. Se echan de menos, para el espectador y para la variedad de la competición, más equipos, más partidos y entre rivales más parejos, quizá divididos justamente en dos categorías, a causa de las importantes diferencias físicas en una franja de cuatro o cinco años.

Sin embargo, pocos pero bien avenidos, los participantes están muy implicados en la actividad, como consecuencia del funcionamiento activamente cooperativo de la liga. En palabras de José Antonio Losada: “Hay que participar un poco en todo lo que hace el pueblo, y más siendo deporte. La primera [liga] tuvo mucha aceptación, incluía equipos de La Canonja, este año han venido equipos también de Cambrils. Crean un vínculo entre los diferentes puntos de información juvenil de Tarragona, y yo creo que es favorable para el deporte y para los críos.”

Además, todos ellos valoran muy positivamente el impulso de actividades deportivas para todos los jóvenes. Vladimir Kushnir, con tan solo 16 años, nos lo cuenta: “Falta más gente para organizar. Solo está Núria, y creo que con más gente se podría organizar mucho mejor. Este pueblo está súper aburrido, no hay nada que hacer, y poner una actividad como esta, todos los viernes disfrutamos y viene mucha gente a vernos.”

La insatisfacción del joven de origen ruso evidencia las ganas de iniciativas deportivas bien llevadas de la juventud,  tanto, que se puede entrever en esa sincera demanda de recursos, la implicación en el proyecto y el interés de que esta iniciativa siga desarrollándose cada temporada. 




Luis Alberto Moral Pérez

martes, 27 de noviembre de 2012

La charla


El regreso del cierre

"Muchos jugadores del filial podrían estar jugando perfectamente en el primer equipo"


Entrevistamos a Raúl Estébanez Rodríguez (@Raul12Atleti), defensa central izquierdo del Vila-seca B. Segundo jugador del filial en debutar con el primero equipo esta temporada. Lleva poco más de cien minutos, pero se está gustando. Primera temporada en el club, después de tres años en el fútbol sala, es ya un fijo en el filial. Junto a Carlos Calero y Fran Lozano, son la savia nueva de la cantera del club. 1,81 cm. 74 kg. Diestro. De Vila-seca, palentino de corazón. Del Atlético de Madrid. 

Hablamos con él durante unos días. Le seguimos. Nos cuenta vía ‘whatsapp’ que va a ser titular. Y, luego, que han empatado un partido que perdían por tres goles en diez minutos, con él en el campo todo el encuentro. Está que se sale y repite convocatoria la semana siguiente. Juega solo diez minutos, pero arranca su primer aplauso de la grada tras una recuperación. Después del partido, nos citamos con él. Está nervioso. Pero cuando rompe a hablar, lo hace fácil. Maneja ya algún tópico, pero esconde tras ellos mensajes claros y directos. Así fue la charla:


¿Cuál es su posición en el campo?

Empecé jugando de central, luego entré en el mediocampo unas tres temporadas. Estaba un poco ‘gordito’, así que cuando pegué el estirón, me pusieron de extremo, donde jugué un año. Y entonces volví al mediocampo como pivote defensivo. De ahí a central, y cuando me pasé al fútbol sala, durante tres años, jugué de cierre.

¿Cómo le fue en el fútbol sala?

Pasé de jugar en ‘primera’, una división de juveniles, a la división de honor de fútbol sala. Fue un salto bastante grande. Pero como experiencia fue muy bonita, porque puede jugar por toda Cataluña contra los mejores equipos. Eso no se lo puede permitir cualquier jugador. De eso se aprende.

¿Por qué volvió?

Hubo problemas con la directiva de mi equipo. Y en los otros equipos de fútbol sala en los que me ofrecían jugar el nivel no era el mismo. El Salou es el mejor equipo de fútbol sala de la provincia de Tarragona. Me llamaron del Vila-seca y quería venir a probar. Siempre he tenido el ‘gustillo’ ese de ponerme unas botas de tacos y volver a jugar.

¿Cómo ha vivido la vuelta al fútbol once?

Es un cambio muy radical. Tenía ya las costumbres interiorizadas del fútbol sala. Cuando llegué al primer entrenamiento, pisaba el balón. Te tienes que acostumbrar a darle con el interior, a empezar de nuevo…

¿Se adaptó rápido?

El primer partido fue un desastre. Era un amistoso, hice una asistencia en desplazamiento largo, pero tuve bastantes errores defensivos. Se nota: el balón, el marcaje individual, el posicionamiento, la táctica, etcétera. Estaba un poco perdido al principio. Y eso que llevaba toda la vida jugando al fútbol, pero esos cuatro años con otra mentalidad te cambian el chip totalmente. La verdad es que el entrenador del segundo equipo, Eduardo Franco, me ha ayudado bastante en eso.

Raúl, tercero desde la izquierda, abajo, en una foto de archivo en las categorías inferiores.

¿Cómo ve al equipo?

El objetivo no es ascender porque solo asciende el primero y el segundo promociona. Viendo la calidad de los demás equipos, tenemos que estar entre los cinco primeros, con los que van a estar ahí, seguramente: La Selva y Les Borges del Camp, además de La Canonja. Mejor quedar por arriba que ascender porque el primer equipo está solo una categoría por encima de nosotros. Principalmente, nuestro propósito es quedar entre los seis primeros.

¿Individualmente qué piensa de la plantilla?

Como equipo estamos entre los tres mejores. Lo que pasa es que hemos venido muchos jugadores nuevos y como grupo todavía nos falta conocernos. Sin embargo, lo bueno que tiene el grupo es que los nuevos somos todos de Vila-seca, con tres o cuatro excepciones. El grupo es del pueblo y eso también engancha a la gente, cuando viene al campo de fútbol y ve chavales de Vila-seca, y no cuando uno es de Reus, otro de Villalba, y el tercero de Mataporquera. Por eso tenemos nuestro público.

¿Os sigue mucha gente?

Sí, viene bastante gente. Que haya gente del pueblo crea un vínculo entre el público y el equipo.  No hay una diferencia abismal entre el primero y el segundo equipo. Naturalmente va más gente a ver al ‘primera’, pero tenemos nuestros fijos.

¿Y qué ambiente se respira en el Municipal?

Es un ambiente amateur. Más que nada la gente va a pasar el rato con los amigos. Sabes que fútbol profesional no vas a ver y, hablando en plata, si hay un par de ostias, mejor.

¿Cómo se ha acoplado al nuevo vestuario?

La integración ha sido perfecta. Yo he llegado nuevo y desde el primer día he vivido un muy buen ambiente. Es más familiar, vamos a jugar para divertirnos. Dentro del grupo, hay sub-grupos, como el de las ‘vacas sagradas’, donde me han incluido a mí, porque ya estoy curtido en otros ámbitos como en la ‘cervecilla’ después del entreno.

¿Cuál es vuestra filosofía de juego?

En nuestra liga ningún equipo deja jugar. En teoría, nuestro principal objetivo es jugar el balón. Y tenemos gente capacitada en el medio del campo, con técnica, y una buena salida del balón desde atrás. Pero la dificultad que tiene esta liga es que es una competición más de choque y no te permite siempre jugar la pelota. Por eso somos también bastante directos  en el ataque, porque contamos con extremos rápidos y aprovechamos esa ventaja.

¿Qué sistema suelen utilizar?

Nuestro esquema es 4-2-3-1, con variantes en los pivotes, pero siempre jugamos con un único punta, que tampoco es un delantero puro, sino más bien un mediapunta como un falso nueve.

¿Y adaptan el juego en función del rival?

La tónica de la liga es agradar en casa y sacar puntos fuera. Fuera de casa cuesta mucho y cada campo es particular: Maspujols, por ejemplo, tiene un campo de tierra muy cerrado, ellos van a su juego, el 'balonazo', y por ahí vino la primera derrota. Por tanto, la filosofía de juego depende del equipo contrario.

Ajá.

Si tienes delanteros rápidos, sabes que cualquier despiste te va a costar un gol. En cambio, si son toscos, sabes que puedes sacar la pelota desde atrás perfectamente. Yo prefiero salir con el balón jugado. Siempre gusta más ver a un equipo que juegue, y que hace todo lo posible por eso, que no está el que está dando 'balonazos': si pagas una entrada es para disfrutar del fútbol.

¿Ya que es central, cuéntenos un poco como trabaja la salida de balón un equipo que pretende ‘agradar’?

Depende de los cambios en la medular. Siempre tienes que ver los jugadores del medio campo y cómo salir desde atrás. Si el compañero es creativo, soy el primero que se ofrece para combinar. Siempre te hacen más hincapié en la salida del balón con el portero y los centrales, laterales abiertos y tocando la pelota. Pero si tenemos un centro del campo de choque, buscamos más el 'pelotazo'.

¿En qué aspecto hacen más hincapié?

Me ha impactado mucho la manera de trabajar el balón parado de nuestro equipo. Yo digo que nos parecemos a los de primera división porque nos cuelgan en la pared, antes de salir: cómo ordenarnos en el córner, dependiendo de quien salga; y nos indican la orientación y hacia donde tenemos que ir, junto al encargado de sacar, las variantes, pantallas, etcétera. Eso es de los que más practicamos en los entrenamientos.

¿Y qué más facetas trabajan?

El tema motivacional también. Nos dicen cómo juegan los rivales, tienen informes, porque los equipos de segunda división son equipos que varían poco, siempre mantienen el mismo bloque…

¿Cómo van en la liga?

Ahora hemos bajado un par de posiciones y vamos séptimos, cuando a principios de mes íbamos terceros. En tres partidos solo hemos conseguido un punto de nueve: dos derrotas y un empate.

¿Y por qué?

Nos hemos topado con equipos bastante rocosos defensivamente y con una buena media, como el Falset. Y no es una excusa, pero los tres pinchazos han sido en parte culpa de los jugadores que han tenido que subir al primero equipo a causa de las bajas de ellos. Esos jugadores son importantes en nuestro sistema.

¿Cómo quién?

Nos ha faltado un hombre muy importante en el medio campo, de corte defensivo, y a la hora de sacar el balón, como es Carlos Calero. Tiene mucha capacidad de recuperación física y nos ayuda a sacar la pelota incrustándose entre los centrales. También hemos notado la falta de Fran Lozano, un jugador ágil, versátil y veloz, que ha aportado muchos goles al equipo. Era el máximo goleador. Todo eso influye.

También le han subido a usted.

A mí me han convocado en tres partidos. En el primero estuve en el banquillo pero no disfruté de ningún minuto. En el segundo fui titular y jugué los noventa minutos contra el Roquetenc. Por último, disputé diez minutos en la victoria por cuatro a cero al Alcanar en casa.

¿Y qué tal se encontró?

Bien. El entrenador me está dando confianza y siempre es bueno saber que cuenta contigo y que estás ahí para cuando lo necesite, sabiendo que soy jugador del segundo equipo. Creía que me iba a encontrar un poco más nervioso, pero la verdad es que tener al lado a una pareja de central sólida y contundente como es Cristian Fuentes, te aporta confianza.

¿Quedó contento con el rendimiento del debut?

Sí. En el primer partido que jugué como titular íbamos perdiendo tres a cero en el 82’, cuando marcamos el primer gol. El entrenador me adelantó la posición a medio defensivo, jugando con una línea de tres por detrás, con Cristian como líbero. Esa contundencia en el centro del campo contribuyó a que al final consiguiéramos empatar a tres. Me sentí bien en los dos puestos.

¿Qué le dijo el entrenador?

Me motivó y me dejó claro algunos conceptos clave durante el trayecto de Vila-seca al estadio del Roquetenc. Me dijo que fuera contundente por arriba, me apuntó los puntos fuertes de los delanteros del rival: eran dos delanteros rápidos y técnicos con experiencia en la categoría. Tenía que parar a uno de ellos, que estuviera tranquilo y que lo hiciera como sabía. Eso me relajó.

¿Volverá al primer equipo?

Sí, creo que habrá posibilidades de acudir al primer equipo, pero soy jugador del filial. Poco a poco, porque en ese aspecto hay que ir despacio: te tienen que dar minutos y confianza. Juegas aunque sea un minuto y vas pillando el rol y la experiencia. En eso, el Vila-seca sí lo ha hecho con nosotros.

¿Cómo valora la oportunidad?

Es un premio al esfuerzo hecho en pretemporada. En ese sentido, sí que vi ese trabajo recompensado. Además, tienes tu satisfacción personal y puedes entrar en la dinámica del primer equipo.

¿Cree que el Vila-seca es un club que ha contado con la cantera?

En este caso, yo lo considero más una urgencia. La defensa del primer equipo tenía tres bajas: una por una lesión y dos sancionados, por lo tanto no había otra, era sí o sí. Hemos subido por las bajas, pero el primer equipo no suele subir a los que están en el filial cuando algún jugador se va, sino que traen a otro jugador de fuera. El club ha apostado poco por la cantera.

¿Cree que está justificado que se haya mirado antes fuera que dentro para reforzar al equipo?

Aunque el cambio entre las dos divisiones es bastante fuerte, a nivel individual, muchos jugadores de nuestro equipo podrían estar jugando perfectamente en el primer equipo.

¿Cómo ve al primer equipo en la categoría?

Las aspiraciones, en un principio, eran un poco como las nuestras: quedar entre los cinco primeros. Pero al ver que en los primeros cinco partidos empezaron ganándolo todo, con el equipo líder, se veía un conjunto sólido capaz de luchar el ascenso con solvencia.

¿Cambiando de tema, díganos quién es su referente futbolístico.

Siempre me ha gustado Fernando Torres porque es colchonero, pero la trayectoria de Xavi Hernández me encanta. De mi posición, Puyol. En ese sentido, estoy ahora más pendiente de los movimientos y el posicionamiento del jugador en el campo, para poder hablarlo en los entrenos con los compañeros con el objetivo de ponerlo en práctica.

¿Y en su entorno más cercano, en quién se mira?

A nivel local, siempre te fijas en la pareja de los centrales. En este caso, especialmente en Amador y Javi.

Dicen que le gusta inventar y poner motes. ¿Pero tiene algún apodo en el campo?

En fútbol sala me llamaban Ufjalusi. Por aquella entrada a Messi, en la que le sacaron roja. La verdad es que me habrán expulsado unas quince veces a lo largo de mi carrera. En el Salou hasta el presidente vino a decirme que no había visto un jugador más tarjetero que yo porque en toda una primera vuelta, solo en un partido no me sacaron amarilla.

¿Y a qué cree que se debe?

Quizá sea porque el fútbol sala no es tan de contacto. Yo, al venir del fútbol, veía más normal algunos choques. Entendiendo al árbitro, en un partido que era tranquilo, iba yo fuerte al choque y me sacaba la amarilla. Yo le decía: “pero si he ido al balón”;  y él me contestaba: “¿pero tú has visto cómo has entrado, chaval?”

¿Y cree que se corresponde con la realidad?

Algunas veces soy flojo, y otras veces demasiado fuerte. Creo que tendría que mejorar eso. O soy demasiado agresivo o peco de blando.

No todo serán defectos. ¿Qué virtudes tiene?

Voy bien por arriba, rápido al cruce, buena salida de balón y también desplazamiento largo.

Seguro que tiene alguna anécdota divertida al respecto…

Mi expulsión más rápida fue en el campo de Lleida, en fútbol sala. Cada parte dura veinte minutos a tiempo parado. Cuando me echaron, miré el reloj y vi que quedaban diecinueve minutos y cinco segundos. Duré cincuenta y cinco segundos. Y no me expulsaron por roja directa, sino por doble amarilla…

¿Cómo se ve en unos años en el fútbol?

Me veo jugando con los veteranos a los cincuenta años, sobre todo si hay este buen rollo de pachanga y fútbol con amigos. Me encantaría.

  Foto de equipo del Vila-seca C.F. B, temporada 2012 - 2013 (cedida)


Luis Alberto Moral Pérez (@luisalberto_m)